Me hago mayor en la ciudad donde me hice pequeño. Y quiero que estés.
En 2003 hice una maleta y me fui a Viena. De eso hace veintitrés años. Allí he construido una vida entera —trabajo, casa, amigos, rutinas, un idioma que todavía se me resiste los lunes por la mañana— y no cambiaría ni un día. Pero hay algo que pasa cuando cumples cincuenta: dejas de mirar hacia delante un rato y te giras.
Y al girarme os veo a todos. Los amigos del colegio y del equipo de fútbol, los del karate, los de Cabrils, los del Nàutic, los primos y los tíos, los que me aguantaron de adolescente, los de la uni, los del Erasmus, los del MBA, los de Soluziona, los de Codespa, los que vinieron a mi boda, los que llegaron después, los hijos de amigos, los que se subieron a un avión para venir a verme al norte, los austríacos que hoy están aquí. Cada uno de vosotros es un trozo de la persona que soy hoy.
Los cumpleaños redondos no son por la edad. Son la excusa para juntar en una misma terraza a toda la gente que te ha hecho.
Por eso no lo celebro en Viena. Lo celebro en Barcelona, un sábado de septiembre, en una azotea del Eixample con Casa Batlló ahí delante y el cielo poniéndose naranja a las nueve menos cuarto. Habrá comida buena, música, y bastante más ruido del que un edificio decente debería permitir.
No hace falta que traigas nada. Solo ven. Y si hace veinte años que no nos vemos, mejor: tenemos más cosas que contarnos.
In 2003 I packed a suitcase and moved to Vienna. That was twenty-three years ago. I've built a whole life there — work, a home, friends, routines, a language that still defeats me on Monday mornings — and I wouldn't trade a day of it. But something happens when you turn fifty: you stop looking ahead for a moment and turn around.
And when I turn around, I see all of you. My friends from school and from the football team, the karate lot, Cabrils, the Nàutic, the cousins and the aunts and uncles, the ones who put up with me as a teenager, university, Erasmus, the MBA, Soluziona, Codespa, the ones who came to my wedding, the ones who arrived later, my friends’ children, the ones who got on a plane to come and see me up north, the Austrians who are here today. Every one of you is a piece of the person I am now.
Round birthdays aren't about the age. They're the excuse to get everyone who made you onto the same rooftop.
So I'm not celebrating in Vienna. I'm celebrating in Barcelona, on a Saturday in September, on a rooftop in the Eixample with Casa Batlló right there and the sky turning orange at a quarter to nine. There will be good food, music, and considerably more noise than a respectable building should allow.
Don't bring anything. Just come. And if we haven't seen each other in twenty years, even better — we've got more to catch up on.
Toca cualquier foto para verla grande. Casi todas se hicieron a menos de diez kilómetros de donde vamos a cenar.
Y aquí se paran las fotos.
Faltan veintisiete años: la uni, el Erasmus, el MBA, Marruecos, Centroamérica, Viena, la boda, los trabajos, las mudanzas, los aviones de ida y de vuelta. Hay cientos de fotos de todo eso y en casi todas salís vosotros.
No las pongo por dos razones. La primera, que no todo el mundo quiere acabar en internet, y esa decisión no me toca a mí. La segunda, más egoísta: prefiero que esas historias nos las contemos en persona, mirándonos a la cara y con una copa en la mano.
Los últimos treinta años los ponéis vosotros, el 19 de septiembre. Y las fotos que faltan las hacemos esa noche.
And here the photos stop.
Twenty-seven years are missing: university, the Erasmus year, the MBA, Morocco, Central America, Vienna, the wedding, the jobs, the moves, the flights out and back. There are hundreds of photos of all that, and you're in nearly all of them.
I'm leaving them out for two reasons. First, not everyone wants to end up on the internet, and that call isn't mine to make. Second, more selfishly: I'd rather we told each other those stories in person, face to face, with a drink in hand.
The last thirty years are yours to fill in, on 19 September. And the missing photos, we make that night.
Piso 8 del Hotel Room Mate Anna. Sube en ascensor y busca el ruido. Chips extra gruesas, aceitunas gazpachas, el DJ ya pinchando y una copa en la mano.
Menú cóctel de pie hasta las 21:30, para poder movernos y hablar con todo el mundo. El sol se pone sobre Casa Batlló justo a esta hora.
Cava, cuatro palabras mías y se acabó el protocolo.
Banda en directo en la terraza, una hora y tres cuartos, hasta las 23:30.
Barra libre y DJ hasta el cierre. Se aceptan peticiones. No se aceptan excusas para no bailar.
Hasta aquí la parte oficial. Cierre a la 01:30.
Por confirmar. Para los que nunca se van a casa: buscaremos sitio cerca para seguir. Lo anuncio aquí unos días antes.
Es una azotea: viste bien, pero calza para bailar. En septiembre refresca a partir de medianoche, trae algo por encima.
Es una fiesta de mayores: cóctel de pie, música alta y barra hasta la madrugada. Dejad a los peques en casa y disfrutad de la noche libre.
Que hayas movido el fin de semana para venir ya es el regalo. Si insistes, tráeme una historia mía que yo haya olvidado.
Horarios orientativos, pendientes de cerrar con el restaurante.
Azotea en la octava planta del Hotel Room Mate Anna, en pleno Eixample, a un paso de Passeig de Gràcia y con Casa Batlló enfrente. Se entra por la recepción del hotel y se sube en ascensor.
Cocina mediterránea con producto local de primera, pensada para compartir de pie y sin ceremonias.
Concierto en directo y después sesión de DJ hasta el cierre.
Cócteles de autor con destilados premium, fruta fresca y recetas propias de la casa.
Líneas L2, L3 y L4, a dos minutos andando. Parking SABA BAMSA Passeig de Gràcia a 150 m. En taxi, di «Aragó con Passeig de Gràcia».
Estamos en el centro: casi todo el Eixample queda a menos de 15 minutos andando. Si necesitas recomendaciones de hotel o quieres compartir alojamiento con otros invitados, dímelo en el formulario.
Confirma cuanto antes, por favor: necesito los números para cerrar el menú y la barra con el restaurante. ¡Gracias!